Presentación del Libro Habitar Componiendo. Tejedurías Psicoanalíticas

Presentación del Libro Habitar Componiendo. Tejedurías Psicoanalíticas.

Elizabeth Vita – Marcelo Esses

Letraducciones Espacio Editorial

13 de junio 2026

Federico Bejarano

                                                                            In memorian Indio Solari

“Empiezo por el final, terminaré  en el principio”:

Sin nosotros no somos nada” decía Horacio González paradito en las gradas, del lado de afuera de la Biblioteca Nacional. Estaba de partida… saliendo de una institución, que había dirigido. Emblemática de  nuestros “Hospitales de almas”  o de nuestras bibliotecas,  nuestros libros y trazos breves en esta inmensidad desolada.

 Lo decía precisamente en momentos, si se quiere, por fuera de cierta intemperie institucional, de una despedida, de cara a la gente que somos su nosotros.

La intemperie como pista, es desde allí donde más se requiere de las destrezas, los saberes del  lazo, de este  “Habitar componiendo”. Y más libros y lecturas y otros nosotros  que nos  conformen.

 Si hay una intemperie  emblemática que acude a nuestra memoria, es  la intemperie que nos dejaba el estallido, el acontecimiento del 2001.  Lo curioso, lo paradojal  es que el lugar más seguro para habitar precisamente  fueron las calles, las asambleas, los centros culturales,  las juntadas,  se compusieron cientos de espacios, el trueque, el repartir saberes compartidos. En este sentido un acontecimiento con articulaciones de  proyectos, de  “polinizaciones”. Nuevas tejedurías del almas expuestas a la intemperie.

 Potencias alegres que otra vez izaban “banderas rojas  banderas negras en nuestros corazones”,  reconstitutivas del tejido que había sido prolijamente, sistemáticamente deshilvanado, lacerado,  farandulizado,    acorralando, trocando consumidor por ciudadano en nuestra Constitución. Eran los ‘90.

  Pero antes, solo  un poco antes en los ‘80  habíamos sido ilusionados con promesas atribuidas, mecánicamente a la democracia. Don Ricardo debiera habernos dicho “yo sé que no puedo darte más que un par de promesas”,  hubiera sido menor la desilusión a golpes de  “hiperinflación” y pobreza.

Pobreza  e hiperinflación que no eran otra cosa que las consecuencias de la Dictadura económica, cívica y militar que de yapa cerró con un caballito troyano, la  guerra ciega que ilusionaba con causas justa, y que trae dentro la apuesta a  olvidar  todos los nosotros que el Estado mismo había desaparecido en  el proceso  autopercibido de  “Reorganización Nacional”.

Hoy quizás estemos en el reverso. Explícitamente en procesos de desorganización del Estado Nación con todas sus soberanías, prolijamente estalladas y entregadas al nuevo “Uno concentracionario”.

 Yo vengo de uno de los “uno”  concentracionario,  uno muy  temido por ser una terminal. El hospital psiquiátrico público con su  histórico triple torniquete: El químico, el jurídico y el social  aquello  de  “la condena de ser loco y pobre”, que dada esta secuencia que acabo de enunciar y frente a las nuevas intemperies, frente a los nuevos no lugares ahora es un lugar. Paradoja de los tiempos  hoy  es al menos una inclusión  de la intemperie mayúscula de la calle. ”Rara vez esta vida tiene sentido amor”

Retomo la  poesía que inicia el capítulo que hoy nos convoca.  Poesía que  da respuestas a qué hacer ante  los distintos  muros.  Podría complementar esa serie tomando algo de mi propio trayecto, “para mí que siempre fui menos que mi reputación”.

Proyecto que está entrando a su final: miro el camino y veo  que ante el muro: la grieta, ante el saqueo del saber y del goce: micro-política de los afectos, ante las especialidades que capturan el saber micro-políticas de la tramas cooperativas,  de las economías libidinales y comunitarias. Allí me sostuve como pude. Ante el frio  de la intemperie: prepotencia de trabajo. Ante la fragmentación y la labilidad del tejido social: el decoupage hecho con los restos  del naufragio.

Muebles hechos con desechos. Objetos poéticos nacidos del cirujeo como flores extraídas del mal. Ante la imposibilidad de  salir hacemos entrar a la comunidad.

Ante la precariedad y la intemperie en el mundo del trabajo pues  cooperativas de  locos, cooperativas de inclusión social y laboral. Ante la falta de normativas, aumentar la empírea, multiplicar las experiencias hasta que la normativa se vea obligada, y si no se ve obligada obtendremos un nosotros. Ante la falta de crédito de iniciativas productivas: la solidaridad, ante la falta de herramientas. las inventamos o erramos. Es decir,  y no hago más que repetir el artículo,  hacer en el síntoma de las instituciones. Hacer radios, sembrar  arte, ir por el cine, hacer juntada, hacer lecturas y cooperativas y por supuesto rebelarse.

Ahora sí  termino con el principio: Este librito que hoy nos acompaña, de manera hospitalaria llega también como un cruce de polinizaciones mutuas. Yo esperaba entregar un obsequio a mi analista y fui obsequiado por él  el libro se transforma varias cosas como vimos estos días: un objeto bello, una materialidad que podemos  anudar, abrazar  a otros libros en nuestra biblioteca.

 Un  “artefacto”: artefacto  para pensar, para abrir nuestras percepciones y entendimientos, recuperación del goce y el saber extirpado, extraído por el “Uno”.

Libro  “trama”. Una Trama que trama.  Ni bien lo tuve en mis manos y con cada trozo que resonaba  lo compartía con alegría con Mariana, y en especial  con  Salome mi hija que estaba haciendo su tesis sobre  cuerpos, danza, comunidad y nomadismos, una mediación vincular, bueno y la que nos reúne aquí hoy entonces gracias muchas gracias Marcelo y Elizabeth  es un  montón,  sabiendo que  “Cuando la Noche es más oscura se viene el día en tu corazón”.

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